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Entendiendo la seguridad energética

Por   /  28 febrero, 2019  /  Sin comentarios

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Por Alfredo Álvarez y Salvador Ugalde, integrantes del Comité Técnico de Energía del IMEF.

Prácticamente todos los aspectos de la vida moderna implican el uso de energía. Para el ciudadano, resulta difícil imaginar una vida sin baterías, gasolina, electricidad o todos aquellos insumos y materias primas que son posibles para la actividad productiva y el bienestar general.

Para el IMEF, entender la relación entre acceso a insumos y la posibilidad de generar bienestar nos invita a proponer análisis sobre el rumbo del sector de energía, indispensable para el funcionamiento de la sociedad.

En tiempos recientes, los mexicanos pudimos ser testigos de las consecuencias de una disrupción en la logística de la distribución de gasolinas. La interrupción de las actividades cotidianas nos hace cuestionarnos qué tan preparados estamos para enfrentar situaciones que estén más allá de lo que fue una reducción en el suministro, por el esfuerzo para combatir el robo de combustibles.

Hoy producimos más petróleo crudo que el que refinamos y exportamos un excedente de 1.2 millones de barriles por día. Al mismo tiempo, la capacidad operativa para transformar ese petróleo en combustible es menor a la demanda interna; por lo tanto, importamos medio millón de barriles por día de gasolinas. Per se, estos desbalances entre capacidad de producción y demanda interna no nos dicen nada sobre el abastecimiento suficiente y oportuno de combustibles que como sociedad mexicana tenemos.

Como ejecutivos de finanzas, en el IMEF entendemos el valor de la diversificación como medio para alcanzar los resultados esperados. Por ello, creemos importante plantear que la seguridad energética no debe ser sinónimo de autoabastecimiento, sino que debe entenderse como el conjunto de mecanismos que permitan contar con ese abastecimiento suficiente de combustibles y electricidad para el correcto funcionamiento de la economía y la sociedad. Plantear que éste debe ser realizado exclusivamente por las instituciones del Estado implica una fuerte presión sobre el erario y limita el acceso a fuentes de energía.

En contraste, creemos que el papel del Estado debe estar encaminado en brindar las condiciones para que la sociedad pueda acceder a esta seguridad energética. En este sentido, la responsabilidad del gobierno está en traer a la mesa reglas claras, fortaleza institucional y certeza jurídica, acceso a infraestructura e información, así como condiciones de competencia. Lo anterior debe estar complementado con una estrategia sectorial que caracterice los riesgos y oportunidades, con objeto de enfocar los esfuerzos de política pública hacia aquellos elementos más vulnerables de las cadenas de suministro.

Así, la seguridad energética nos la brinda el acceso a los mercados, la resiliencia y redundancia de los sistemas de distribución, la capacidad de superar con inventarios periodos de escasez, la confluencia de tecnologías, participantes y proyectos en competencia. Sin inventarios adicionales o sistemas de respaldo preparados, sin seguridad energética es previsible que cualquier interrupción en el suministro desencadenará en escasez.

Ser un país productor de hidrocarburos no es condición necesaria para tener seguridad energética. Hemos avanzado para entender que la seguridad y soberanía energética no significan sostener un mercado que sujete el crecimiento a sus capacidades de autoabastecimiento. Por el contrario, lo importante no es cuánto se es capaz de producir, sino cómo asegurar que mis consumidores tendrán acceso a lo que requieren. Para nuestro país, aminorar el rezago en infraestructura para cumplir con este objetivo requerirá, además de refinerías, de inversiones para incrementar nuestras capacidades de transporte y almacenamiento. Para lograrlo, serán necesarias la cooperación y coordinación de los sectores público y privado. Sin duda.

ARTÍCULO PUBLICADO ORIGINALMENTE EN EL ECONOMISTA.

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