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La economía pierde dinamismo

Por   /  27 febrero, 2019  /  Sin comentarios

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La opinión de Fernando López Macari, presidente nacional IMEF.

El IMEF acaba de presentar su reporte de perspectivas económicas para 2019. Como señalé en la conferencia de prensa el día 19 de este mes, eventos recientes de carácter transitorio restan dinamismo a la actividad económica del país. La falta temporal de suministro de combustibles que afectó a 14 estados en semanas recientes, la huelga de trabajadores en maquiladoras de Matamoros, junto con el bloqueo de las vías férreas en Michoacán, han sido eventos con cierto impacto en la economía.

Estimaciones de varios economistas apuntan a que es probable que se hayan perdido entre 0.30 y 0.40 puntos porcentuales en la tasa de crecimiento del PIB anual. La mediana de la encuesta de nuestro Comité Nacional de Estudios Económicos fue revisada a la baja: de 1.7% en enero, a 1.5% en febrero.

Hay, por otra parte, datos que aportan señales más claras de que la economía mundial se acerca a una desaceleración, si bien por ahora los riesgos geopolíticos se han atenuado. Así, las negociaciones comerciales entre los gobiernos de China y de Estados Unidos continúan progresando. Ya concluido el periodo electoral en la Unión Americana, el presidente Donald Trump puede disminuir la agresividad de su retórica y en sus políticas de comercio internacional.

Europa se aproxima a momentos decisivos para la salida del Reino Unido (Brexit), sin que hasta el momento haya claridad sobre lo que ocurrirá después. El hecho es que podría haber serias repercusiones en los mercados financieros internacionales.

Nuestro país acusa señales de desaceleración. Los eventos ya mencionados aminoran el crecimiento de la actividad económica; por el lado de la oferta agregada, la producción industrial lleva tres meses consecutivos observando tasas mensuales negativas.

El peso se mantiene fuerte: se ha apreciado cerca de 40 centavos entre fines de 2018 y el 18 de febrero del año en curso. En realidad, el dólar estadounidense ha perdido terreno versus la mayoría de las divisas ante el cambio de tono en la Reserva Federal de ese país. De hecho, nuestra moneda no ha sido la divisa que más se ha ‘apreciado’ contra el dólar.

Hay señales positivas que apoyan al peso, como la aprobación de un presupuesto fiscalmente responsable para el año, así como la recompra de parte de los bonos relacionados al NAIM, el programa de impulso al sistema financiero y también que, por fortuna, no se hayan materializado algunas iniciativas de tipo económico que varios legisladores pretendían echar a andar.

La inflación se ve relativamente controlada (mediana de la encuesta del CNEE: 3.95%), el tipo de cambio peso-dólar se ha mantenido relativamente estable en este inicio de año, lo que aunado a las señales de desaceleración de la economía podría inclinar la balanza de la Junta de Gobierno del Banco de México hacia un sesgo de baja de tasas de interés. Es alentador que, en su nueva conformación, la Junta de Gobierno brinde certidumbre de que actuará con firmeza para conseguir su objetivo de inflación.

Un asunto de gran trascendencia es Pemex. Hay creciente incertidumbre entre calificadoras, analistas e inversionistas ante la falta de un plan de negocios adecuado y convincente para esa empresa y por el rumbo que está tomando el sector energético. Esta compleja petrolera vive ahora serias dificultades financieras. Necesita una adecuada capitalización, menor carga fiscal y debe mejorar su capacidad de gestión para enfocarse en actividades más rentables.

En general, falta generar más confianza entre los inversionistas. Diversas iniciativas, trascendidos o anuncios, han provocado inquietud sobre el clima de negocios del país. Pese a que el nuevo gobierno federal ha hablado de la importancia de la inversión privada y el crecimiento económico, es importante respaldarlas con acciones que garanticen estabilidad en los mercados financieros, el estricto apego al Estado de derecho y la libre competencia y fijación de precios. Además, se requiere de acciones congruentes para el fomento de las inversiones como incentivos fiscales y laborales basados en productividad. La meta es generar riqueza, con mejores empleos, para así lograr mayor crecimiento en las empresas y mejor calidad de vida para los mexicanos.

FUENTE: EL FINANCIERO

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